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lunes, 3 de enero de 2011

Regalo de Reyes

"...será nuestro amigo por siempre, siempre, siempre"
 Rudyard Kipling

Todos en alguna ocasión lo hemos vivido o hemos sabido de un caso así: La noche del 5 de Enero los cuchicheos, los planes, la complicidad con algún vecino o familiar. Una caja, grande de preferencia, con un igualmente gran moño; con muchos agujeros eso no puede faltar. En la madrugada la caja se coloca en un lugar estratégico. A lo lejos, en las habitaciones aún oscuras, se escuchan ruidos: algunos rasguños en el cartón, uno que otro gemido y si no corremos con suerte, el ladrido delator...¡Llegaron los Reyes! La familia se reúne alrededor de tan misterioso regalo y descubren con gran sorpresa lo que hay dentro: Un cachorro...sí, uno de carne, pelos y hueso. Seguramente igualito al que sale en el comercial de cierto papel higiénico y que tanta ternura nos causa...y que debo decirlo de una vez por todas, permanecerá de ese tamaño por escasos tres o cuatro meses.

Unas semanas después, la familia regresa a la rutina de la escuela, el trabajo, las clases por la tarde, y por supuesto los planes para las próximas vacaciones...¡Hey! ¿recuerdan a Fido, Muñeca, Peludo o como sea que hayan  nombrado al regalo de día de Reyes?. Me gusta pensar que en alguno que otro caso sí, que aquel regalo de 6 de Enero es ahora un miembro más de la "manada humana" y la rutina familiar. Sin embargo, y muy a mi pesar, la realidad documentada nos muestra que muchos de aquellos cachorritos que se recibieron con tanta emoción, se han convertido ahora en una más de las estadísticas: De acuerdo a datos del Departamento de Protección y Control Animal Municipal, alrededor de 2mil perros son abandonados mensualmente en las calles de la Ciudad de Puebla. Esto sin duda agrava el problema de sobrepoblación, la transmisión de enfermedades parasitarias, y por supuesto la nula conciencia de lo que significa tener una vida en nuestras manos.

Es un hecho que si los adultos  que tan emocionada y precipitadamente decidieron la compra navideña hubieran reflexionado el que adquirir una mascota, principalmente un perro, no significaba únicamente desembolsar cualquier precio entre los $500 y los $10,000 pesos, sino también invertir recursos económicos y temporales en cuidados médicos, alimento, educación, recreación y sí, prácticamente en cualquier otro rubro que se les ocurra, quizá, sólo quizá, Fido, Muñeca y Peludo no estarían ahora a mitad de una carretera esperando ver a lo lejos a sus amos, después de haberse dado cuenta que "por equivocación" los olvidaron. No, aquí no hubo equivocaciones; hubo falta de educación; incluso de muchos que ostentan doctorados, que han viajado alrededor del mundo y que se dicen orgullosos de haber conocido más de 10 culturas diferentes.

El comprar o aún mejor, el adoptar una mascota, debe ser una decisión que se tome como todas aquellas que consideramos trascendentales: con la cabeza fría, con diálogo y aceptación de responsabilidades, y con la visión de que este nuevo miembro de la familia será un medio para enseñar a los más pequeños, ¿y por qué no? de reenseñar a los más grandes el real significado de conceptos como la lealtad, la compasión, la disciplina y el amor.

Queridos Reyes Magos: este 6 de Enero quisiera pedirles que los seres humanos pudiéramos comenzar a ser un poco más humanos.



Para saber más

http://www.radioformula.com.mx/notas.asp?Idn=148871

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1 comentarios:

Blas Torillo Photography dijo...

Pues tienes razón Adriana. Cuando niño, en mi casa pasó eso y cuando grande, no digamos que un perrito, pero si dos tortuguitas primero y luego una gatita, para mi hija a los que cuidábamos mal (hasta que las tortugas se murieron y llevamos a la gatita al "Arca de Noé"), y ahora en total 9 peces (ya nomás nos quedan 4, como dice la canción), que yo no compré pero que al final he tenido que cuidar.
Desde que se murió mi "Duque", un Doberman sepia, hace ya casi 27 años, no he querido tener otro perro. En parte por el dolor de la pérdida, pero sobre todo, por la responsabilidad que implica.
Ya sabía que lo mismo pasa con otras mascotas, pero pensé, pensamos, que mi hija aprendería a cuidarlas. No fue así.
En fin. Que ya me alargué y lo que quería simplemente decir, es que tienes mucha razón.
El que quiera animalitos, debe estar dispuesto a cuidarlos y tener los recursos para mantenerlos. Si no tiene esas dos cosas, mejor que se compre un peluche.

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