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lunes, 11 de julio de 2011

El triunfo no es lo más importante...es lo único ¿De verdad?

El que deja de ser mejor a cada paso simplemente deja de ser bueno
 (Oliver Cromwell)


Sí, la euforia del campeonato mundial de los "Niños sub-17" también llegó a este espacio. ¿Cómo no sentir euforia al ver cimbrarse de tal manera al gran Coloso? ¿Cómo no emocionarse casi hasta las lágrimas al escuchar a más de cien mil mexicanos entonar el Himno, cuando eso sí, seguro nunca lo habían entonado igual? y por supuesto ¿Cómo no sentir cariño, admiración y respeto por ese grupo de jóvenes a los que durante por lo menos 7 juegos vimos entregarse, apasionarse, jugarse el físico y disfrutar cada paso hasta llegar a levantar la copa?

Muchos de nosotros podemos decir orgullosamente que en los últimos 6 años hemos visto coronarse como los mejores de su clase a dos grupos ejemplares de futbolistas. Del primero, muchos, si no es que todos, han dado ya EL PASO. Sí, el paso de dejar la inocencia del amateurismo al momento de la verdad de la profesionalización. Los hemos seguido y hemos sido testigos de sus logros...y en algunos casos, de sus muchos tropiezos.

Durante estas semanas que duró el Mundial Sub-17, no pocas fueron las ocasiones en que leí, escuché y  comenté lo mismo... ¿Qué no podremos llevar a los Sub 17 al mundial? (@israelicious) ¿Y si congelan a estos niños para que no crezcan y sigan jugando así? (@WednesdayF) ¿En qué momento se echan a perder? y hasta un ¿Y si dejamos al país en manos de los sub-17? (@Mariadelasheras) Vaya, si realmente podemos tomar a las redes sociales como termómetro de lo que una sociedad siente y piensa, es un hecho que gran parte de nosotros añora este tipo de satisfacciones y triunfos a todos los niveles. Y no porque creamos que un campeonato de futbol y una campeona mundial Judoka ( http://www.mediotiempo.com/mas-deportes/noticias/2011/07/10/obtuvo-vanessa-zambotti-medalla-de-oro-en-copa-del-mundo-de-venezuela) en un mismo día hacen que amanezcamos en un país en el que todos los problemas desaparecieron....¡uff! sería un hermoso despertar pero así no funciona. No, pero es un hecho comprobado que algo sucede en el período en el que estos  niños dejan atrás la adolescencia (¡¡LA ADOLESCENCIA!! La llamada peor etapa en el desarrollo del ser humano) y comienzan a volverse adultos.

De ninguna manera he descubierto el hilo negro, todos conocemos la respuesta: Chico campeón es tomado en cuenta, es llamado a un equipo, comienza a ser entrevistado a todas horas; productos y servicios lo buscan para volverlo su imagen, una nueva sesión de entrevistas y fotografías, autógrafos y reuniones con gente importante; cientos de miles y quizá algunos millones de pesos...o dólares, su nombre repetido hasta el cansancio en los medios...hey! esperen. Tengo "treintalgunos" años, tengo una carrera y una maestría, un trabajo estable... y nada más de escribir lo anterior estoy mareada.

¿Sencillo verdad? Es casi invisible la línea entre reconocer las hazañas, los méritos y darles el crédito que merecen, y endiosar hasta ser muchas veces cómplices de que esos hoy niños se vuelvan unos insoportables adultos expertos en llenarnos la vesícula de bilis y piedras ¿qué, ahora resulta que todos están bien contentos con lo que sucede con la selección sandwich en la Copa América en Argentina?  (Me refiero al sandwich generacional, no a los que hacían sandwich y no goles en el último Mundial grande).

Otro "pequeñísimo" detalle sería: ¿cuántos de estos niños que están seguramente por terminar la preparatoria continuarán sus estudios? ¿Cuántos vivirán en un núcleo familiar en el que la educación sea una condicio sine qua non se pueda continuar con una carrera deportiva? Me atrevo a decir que pocos, y me atrevo a decir que es precisamente aquí en donde, y como se dice popularmente "la burra tuerce el rabo". Por supuesto que debe ser una gran sensación tener 19 años y poder dar a tu familia todo aquello que tú crees se merece por todo lo que te ha dado, tener acceso a todo aquello que un trabajo fuera del ámbito deportivo quizá, y sólo quizá te pueda dar después de muchos años; pensar en un retiro a los 30 años con una seguridad, al menos financiera, para el resto de tu vida (ajá, seguro).

Aquí es en donde la figura del deportista universitario debería cobrar mucho más peso: Es un hecho que en las ligas colegiales estadounidenses por poner un ejemplo, sigue siendo mucho mayor el tiempo que se invierte al deporte que al estudio, pero es un hecho también que al menos durante cuatro años, la mayoría de los alumnos deberán aprender a lidiar con este doble papel, y al final de sus años escolares, sabrán que tienen algo que los respalde en caso de que el panorama profesional no pinte como lo soñaban. Muchos de nosotros, teniendo estudios y no siendo millonarios, tenemos de repente deficiencias en el manejo de nuestras finanzas. Es lógico que esto les suceda de manera muy común a nuestros chavos deportistas, y aunque un título universitario no es una garantía de éxito en el manejo del dinero y las inversiones, el nivel de riesgo es mucho menor. Finalmente, y no por ello menos importante: los años invertidos en el desarrollo de habilidades de lenguaje, matemáticas, de razonamiento, de pensamiento crítico y analítico por mencionar sólo algunas ¿no creen que tendrían también un impacto positivo en las decisiones que estos futuros adultos tomen dentro y fuera de una cancha o un campo deportivo?

Así que no se trata de clavarnos en las pocas o muchas glorias que el deporte nos pueda dar, no se trata tampoco de "aventarles la bolita" a los jóvenes y decirles que es su momento de recomponer todo aquello que nosotros no hemos sabido hacer. Se trataría de mezclar ese ímpetu, esas ganas y esa pasión, con la inteligencia, la madurez y el cuidado necesarios para lograr una sociedad campeona en todos los ámbitos.